En el año 1475, cerca del embalse de Santillana y al pie de la Sierra de Guadarrama mandan construir el Palacio-fortaleza de esta familia, siendo hoy denominado Castillo de los Mendoza o Castillo nuevo de Manzanares el Real, sobre una ermita románico-mudéjar, hoy en día uno de los castillos mejor conservados de esta época.
Castillo de los Mendoza. Foto: Edy García.
El castillo, de planta cuadrangular, está construido enteramente en piedra granito. Tiene cuatro torres circulares. En sus vértices están adornadas con unas bolas al más puro estilo isabelino. Destaca la torre del homenaje, de forma hexagonal. El edificio está rematado con una terraza, con matacanes y almenas. Consta de un patio rectangular porticado y de dos galerías sobre columnas octogonales. La galería gótica del primer piso está considerada como la más bella de la arquitectura militar española.
Sobre el adarve meridional la galería es de traza flamígera sobre antepechos decorados a base de punta de diamante. Todo el castillo está circundado por una barbacana, cuyas saeteras llevan esculpidas en bajo relieve la cruz del Santo Sepulcro de Jersusalén, por el título que gozó Pedro González de Mendoza. Otros elementos defensivos del edificio son sus troneras.
El castillo está dispuesto en seis alturas, además de un sótano: planta baja, entreplanta primera, planta principal, entreplanta segunda, galería alta y galería de cubiertas. La puerta de acceso, enmarcada en dos cubos, presenta un arco rebajado.
Planta del Castillo de los Mendoza.
Las obras fueron promovidas por Diego Hurtado de Mendoza y Figueroa, primer duque del infantado, que no pudo verlas concluidas. Fue su hijo primogénito, Íñigo López de Mendoza, quien las finalizó bajo la dirección del arquitecto Juan Guas, autor del Palacio del Infantado de Guadalajara. Íñigo se casó en 1460 con María de Luna, hija única y heredera de D. Álvarlo de Luna, el enemigo del Marqués de Santillana, uniendo las fortunas de ambas casas y acercentando sus dominios hasta 800 lugares y 90000 vasallos. Por esta razón económica, apoyada por ser la línea de primogenitura, los demás Mendoza reconocieron a la Casa del Infantado, como cabeza de todos los Mendoza, aunque no siempre la unión entre las distintas ramas familiares, fuera estrecha.
El segundo duque del Infantado participó en la guerra de Granada y en la escolta de la Reina Isabel. Era ostentoso y la tropa guerrera que mandaba parecía vestida para un torneo, aunque esto no era en detrimento de su eficacia militar. Edificó el soberbio Palacio del Infantado en Guadalajar ( 1483 ) y finalizó la fortaleza-palacio que nos trae hoy en Manzanares el Real. En sus construcciones aparecen repetidamente escudos unidos de Mendozas y Lunas. Sus descendientes fueron Grandes del Reino con una de las diez mayores fortunas del Reino y con gran influencia en la Corte, siendo muchas veces, miembros del Consejo de Estado
D. Íñigo López de Mendoza y Luna, Marqués de Santillana y Conde de Manzanares el Real.
La función de residencia palaciega con la que fue concebido apenas se extendió un siglo. Con la muerte en 1566 de Íñigo López de Mendoza y Pimentel, cuarto duque del Infantado, el castillo dejó de ser habitado, dado que surgieron problemas económicos y pleitos entre los herederos de la Casa de Mendoza.
En 1914 el Ducado del Infantado procedió a una primera restauración. A ésta le siguieron, en los años sesenta y setenta, diferentes obras de consolidación, promovidas por la desaparecida Diputación Provincial de Madrid. Algunos elementos fueron completamente reconstruidos, caso de las estancias y corredores del interior del cuerpo principal. Fue este organismo el que decidió instalar en sus dependencias un museo de los castillos españoles, además de una colección de tapices.
En 1982, el castillo albergó el acto de constitución de la Asamblea de Parlamentarios de Madrid, en el que tuvo lugar la ponencia redactora del Estatuto de Autonomía.
Fuentes:
- Apuntes Históricos y Biográficos compilados por José L.G de Paz. Universidad Autónoma de Madrid.
- Wikipedia.


Un apunte lingüistico:
ResponderSuprimirMendoza de Mend-i (monte en euskera) y h-otza (frío), significa montefrío.
Un saludo.
Hola aldaitu !
ResponderSuprimirLo de Mend-i sí lo sabía pero de h-otza ni idea, gracias por el apunte, nunca pensé que ese apellido viniera del euskera, aunque procediendo de Vitoria, como he visto al hacer esta entrada, aclara el asunto. 'Montefrío', allí en Vitoria saben de eso :)) Espero visitar pronto el pueblo de Mendoza, ya he visto que hay más cosas interesantes por allí.
Gracias por participar aldaitu.
Salu2